martes, 22 de enero de 2013

Manuel de Mier y Terán: Un insurgente ilustrado

Reynaldo Sordo Cedeño


Manuel de Mier y Terán es uno de los personajes más notables de la Independencia.

Un insurgente ilustrado

Manuel de Mier y Terán es uno de los personajes más notables de la Independencia. Su participación entre 1820 y 1821 en el movimiento libertador es muy poco conocida por el público en general. Para apreciar mejor sus aportaciones en esos dos años, se presenta aquí un panorama de su vida militar como insurgente en los años de 1811 a 1817.

En la causa formada a Morelos, el caudillo declaró el 26 de noviembre de 1815, al preguntársele por el estado de las fuerzas y jefes que las mandaban: 'los Comandantes de más representación son, el primero Manuel Terán Coronel, que quedó con la División, que tenía Rosains, y se compondrá como de dos mil hombres poco más o menos, y que de todos los Comandantes que hay en el día este es en concepto del deponente el que tiene más disposición, así por su talento, como porque agrega a él algunos conocimientos matemáticos'.

A finales de 1815, Mier y Terán había alcanzado el rango militar de coronel de artillería. Este grado le fue concedido por el mismo Morelos, el 9 de septiembre de 1814, por haber roto el sitio de Silacayoapan. El Congreso de Chilpancingo le concedió un escudo de honor que representaba la trinchera española tomada espada en mano.2 El coronel Mier y Terán, poco tiempo después ejercería la jefatura de las fuerzas insurgentes en el partido de Tehuacán. Para llegar a esta posición había recorrido un largo camino en las filas insurgentes, que mucho tenía que ver con su primera formación. Terán, como usualmente lo llamaban en la época, nació en la ciudad de México, el 18 de febrero de 1789, de familias distinguidas de la capital del virreinato. Lo que más marcó su vida fue su ingreso al Real Seminario de Minería. Ahí desarrolló el gusto por el estudio, su afición a las ciencias exactas, físicas y naturales, que llegaría a dominar y un espíritu ilustrado propio de la época. Cuantos lo conocieron fueran amigos o enemigos, coincidieran o no en sus puntos de vista, terminaban por aceptar que era un hombre de estudio y reflexión; así lo aseguraban Lucas Alamán, Carlos María de Bustamante, Guillermo Robinson, Vicente Filisola, Esteban Austin y muchos más.

Uno de los testimonios más elogiosos y objetivos sobre la personalidad y forma de actuar del coronel insurgente fue el que escribió Guillermo Robinson cuando estuvo preso en el convento de Santo Domingo en Oaxaca, el 4 de octubre de 1816. El escrito iba dirigido a las autoridades españolas, tenía por objetivo lograr su libertad, y por lo tanto, no parecía prudente expresarse positivamente de un jefe insurgente. En ese documento, Robinson destacaba la actividad de Terán, el orden y disciplina introducido en la tropa, la administración civil del territorio, las obras de fortificación, la elaboración de material bélico. Termina Robinson su elogio a Terán: 'Por lo general estaba despierto hasta las once o doce de la noche dedicado a la escritura, era hombre sobrio y sin ostentaciones y, además, estimado por los habitantes y por sus soldados.'

El joven estudiante del Colegio de Minería, al iniciar el movimiento del cura Hidalgo, abandonó sus estudios y dejó la ciudad de México para reunirse con las tropas insurgentes. Carlos María de Bustamante escribiría: 'Sobrevino la revolución del año de 1810, y como las revoluciones, según la expresión de Mr. Tomas, colocan a los hombres en el verdadero punto que deben servir, Terán se sintió inflamado del doble amor de su patria y de la milicia, y se presentó en el teatro de la revolución. De mi casa tomó el caballo para marchar a ella.'

Estuvo bajo las órdenes de algunos de los jefes de la insurgencia más notables como Ignacio López Rayón, Mariano Matamoros, José María Morelos, Benito Rocha, Ramón Sesma y Juan N. Rosains. Participó en la toma de Oaxaca con el manejo de la artillería frente a la iglesia de la Soledad. Terán no siguió a Morelos en su campaña a Acapulco y permaneció en la zona de la Mixteca y en el valle de Tehuacán. Sus relaciones con Rayón y Rosains fueron muy conflictivas. Desertó de las filas del primero, después de varias acciones desafortunadas y la pérdida de Oaxaca. Al segundo tuvo que destituirlo del mando, porque desde su arribo a la zona estableció un sistema de terror y fomentó la discordia entre los insurgentes, creándose un clima de desconfianza y desunión.

Otro asunto grave en que se vio envuelto el coronel Mier y Terán fue el de la disolución del Congreso de Chilpancingo, en diciembre de 1815. El Congreso arribó a Tehuacán, después de la captura de Morelos en Temalaca. Su presencia vino a complicar la situación de Tehuacán en dos aspectos: la escasez de recursos y la existencia en un mismo sitio de tropas que obedecían a diferentes jefes. Una actitud po­co prudente y realista del Congreso, así como los conflictos entre los militares precipitaron los acontecimientos. Los oficiales de Tehuacán iniciaron un movimiento contrario al poder legislativo y Mier y Terán se vio forzado a ponerse al frente del mismo para evitar males mayores. El Congreso fue disuelto el 15 de diciembre de 1815, hecho que le fue imputado, convirtiéndose en una carga pesada toda su vida. Mier y Terán en su Segunda Manifestación argumentó que él sólo le dio dirección al movimiento para evitar derramamiento de sangre. Pero su argumento de más peso fue el de que hubo un acuerdo entre las diferentes tropas que se encontraban en poder legislativo eran más numerosas que las de Terán, que además se encontraban repartidas en diferentes puntos. Lo cierto es que prevaleció la idea de que Terán había disuelto el Congreso.

Mier y Terán fue jefe de las fuerzas patriotas en Tehuacán desde el 15 de agosto de 1815 hasta el 21 de enero de 1817. Desde Tehuacán, su influencia llegaba al norte hasta San Andrés Chalchicomula, al oeste Tepexi de la Seda, al sureste Teotitlán, sobre el camino real a Oaxaca. A cinco kilómetros de Tehuacán se encontraba el Cerro Colorado, lugar fortificado desde los tiempos de Rosains, pero mejorado por Terán. De todas formas, el Cerro Colorado era sólo un punto de referencia en la estrategia general de la guerra. Para el jefe insurgente, no era un lugar para encerrarse porque podía ser tomado fácilmente por los realistas después de un sitio riguroso. Lo que entendió muy bien Terán, para hacer la guerra, era la importancia de los caminos que pasaban cerca de Tehuacán y a los cuáles se podía acceder. El ataque lo realizaban pequeñas unidades que tenían puntos de referencia fortificados a los cuales se podía volver después de una derrota. Mier y Terán realizaba una pequeña guerra ofensiva-defensiva, que causaba mucho daño al ejército español. Su éxito se basaba en la disciplina de las tropas. Su gran proyecto era reconquistar Oaxaca con la ayuda de otros jefes insurgentes, pero desde la disolución del Congreso, lo veían con recelo y nunca estuvieron dispuestos a cooperar con el jefe de Tehuacán.

Las tropas realistas comenzaron una contraofensiva para ocupar Tehuacán, a partir de 1816. En mayo de 1816 llegó Guillermo Robinson y se comprometió a vender armas al jefe insurgente y colocarlas en el puerto de Coatzacoalcos. Juan Galván, otro agente extranjero, hizo otra oferta de armas a entregar en el mismo puerto del Golfo de México.12 Terán decidió realizar una expedición a Coatzacoalcos para recibir las armas y explorar la zona. Esta expedición, a pesar de haber sido un fracaso tiene tintes de epopeya. Una división de 350 personas, con dos cañones de a cuatro y uno de a ocho, se introdujo en caminos intransitables, luchando contra la naturaleza y vigilados por las tropas realistas. Cruzan la sierra por Soyaltepec, Ixcatlán, Oxitlán hasta Tuxtepec. Robinson anotaría en sus Memorias: 'No solo estaba inundado todo el territorio que media entre Tuxtepec y Guasacualco (sic) sino que la mayor parte del camino por donde había transitado la división estaba cubierto de agua; de modo que ni aun era posible retirarse a Tehuacán.'

Después sigue la necesidad de abrir un nuevo camino, por consejo de unos indios sabios, y con el apoyo del gobernador y los indios principales de Tuxtepec. Trabajando soldados e indios, el jefe de Tehuacán abrió un camino de 8 leguas (33 kilómetros, aproximadamente) para acceder a un pueblo llamado Amistán, cercano a un camino transitable a Coatzacoalcos en todo tiempo. 'Terán dirigía las operaciones, y su infatigable celo, no menos que su inteligencia, excitaba la admiración de indios y soldados. Hiciéronse carriles y puentes en sitios que hasta entonces habían parecido impracticables, probando cuanto puede hacer los hombres cuando están estimulados por la necesidad y sostenidos por un jefe emprendedor.' Esta operación sólo la podía haber realizado un egresado del Colegio de Minería.

Desgraciadamente, la campaña terminó mal. Un pequeño destacamento cruzó en una lancha el río Huaspala, afluente del Papaloapan, y en un lugar llamado Playa Vicente fueron sorprendidos por los realistas. Terán y otros hombres lograron alcanzar la orilla del río y repasarlo, pero la lancha se volcó y estuvo a punto de perder la vida, si no hubiera sido auxiliado por Juan Robinson, otro extranjero del mismo apellido que Guillermo, quién salvó a Terán de morir ahogado. Los demás desaparecieron como el canónigo Velasco y Guillermo Robinson logró esconderse varios días y después se entregó a las autoridades españolas. El jefe de Tehuacán no pudo contraatacar Playa Vicente y volvió sobre sus pasos hacia Tehuacán, pasando penalidades y derrotando a las fuerzas españolas en varias acciones militares. El 22 de octubre, después de más de tres meses de su salida, entró a la ciudad de Tehuacán.

A finales de 1816, las tropas del rey lograron recuperar el norte de Puebla, los llanos de Apan y el valle de San Andrés. Al tomar este último, privaban a los insurgentes de Tehuacán de su principal fuente de recursos. El comandante del Ejército del Sur, Ciriaco de Llano comenzó el ataque final sobre Tehuacán, con el apoyo de las tropas de Oaxaca y de la Mixteca. En enero de 1817, durante 19 días de combates, el jefe de Tehuacán disputó palmo a palmo el terreno a las fuerzas realistas que lo atacaron. Los derrotó en Ixcaquistla, pero no impidió el abandono de Tepexi de la Seda; derrotó en Tetotitlán a una división dirigida por Manuel Obeso, y aunque se le presentaba el camino libre a Oaxaca, Rafael Bracho se movía de Tepango a Tehuacán con un numeroso ejército. Mier y Terán regresó a Tehuacán y se encerró en el convento de San Francisco, porque los realistas ocuparon el convento del Carmen y el camino entre Tehuacán y el Cerro Colorado. La deserción alta de las tropas insurgentes, haber tenido que rechazar una entrada cuerpo a cuerpo contra los realistas en el mismo convento de San Francisco y la desconexión con el Cerro Colorado, llevaron al coronel Terán a la decisión de capitular y aceptar el indulto, porque ya no tenía caso la pérdida inútil de vidas.

La negociación entre Terán y Bracho fue difícil, ya que el jefe realista no quería comprender en la capitulación a los extranjeros, que ascendían a 46 personas, dentro de los cuales se encontraban desertores españoles. Bracho aceptó las condiciones de Terán. Sin excepciones toda la tropa fue indultada. Se les respetaría la vida y la libertad, pero a él y al teniente coronel Matías Cabadas se les daría un pasaporte para un país extranjero, que no fuera Estados Unidos. Él se comprometió a entregar el Cerro Colorado, a escribir a otros jefes insurgentes para que se acogieran al indulto y a contribuir a la pacificación de la zona que había controlado. El número de capitulados ascendió a 570 hombres de los cuales 51 eran oficiales de todas clases hasta coronel. Bajo este convenio se indultaron insurgentes importantes como el padre Correa, José Francisco Osorno y Ramón Sesma, entre otros. La capitulación fue cumplida en todas sus partes, menos en lo referente a la salida de Mier y Terán a un país extranjero. Fue llevado a la ciudad de Puebla junto a sus hermanos Juan y Joaquín, así como Juan Rodríguez, comandante del Cerro Colorado y antiguo compañero del Colegio de Minería. El jefe realista también le ofreció a Terán el grado de teniente coronel si se pasaba con toda su gente a las armas del rey. El jefe insurgente rechazó la oferta diciendo que no era sólo un grado la diferencia, sino que implicaba abandonar o retener el honor en la desgracia. El 21 de enero de 1817 Tehuacán y el Cerro Colorado eran ocupados por las tropas del rey.


De escribano a publicista

 

Terán sobrevivió en Puebla trabajando como escribano en la tesorería, con un sueldo reducido de un peso diario. Bustamante comentó que fue víctima del hambre y de la persecución. Terán no se escapó de imputaciones criminales. De Llano, en oficio de 21 de marzo de 1817, escribió al virrey que le era muy perjudicial su existencia en Puebla, y la de sus hermanos, como también la de D. Juan Rodríguez, D. Manuel Valle y D. José Barragán, y pidió que se les echase de allí.

Juan N. Rosains presentó en sus escritos a Terán como asalariado de Fernando VII y lacayo de Ciraco de Llano, pero él mismo se contradecía afirmando que vivió como un pordiosero en Puebla. Bustamante en su obra dio pruebas de que jamás se puso al servicio de las autoridades poblanas.19 Mier y Terán con más ecuanimidad contradice a Bustamante al decir que exageró cuando afirmó que sufrieron persecución. Era cierto que las autoridades veían a los indultados con gran desconfianza, pero también tuvieron algún miramiento. Un ejemplo de ello fue la conspiración descabellada que ocurrió en Tehuacán en ese tiempo. El gobierno los hubiera podido implicar y castigar, cosa que no sucedió.

La política conciliadora del virrey Juan Ruiz de Apodaca haría disminuir drásticamente el movimiento insurgente entre 1817 y 1819. Los indultados regresarían unos a sus actividades, otros intentarían adaptarse a la situación, sin olvidar los que permanecieron presos o fueron desterrados del reino. Parecía que se alcanzaba la paz, cuando los acontecimientos de España volvieron a convulsionar al país. El 1 de enero de 1820, en las Cabezas de San Juan, Rafael de Riego proclamaría la Constitución de 1812. Un día después se levantaría Antonio Quiroga y se dirigiría a la isla de San Fernando para tomar Cádiz. Nuevos levantamientos en Galicia, Zarago-za, Barcelona, Pamplona y el mismo Cádiz decidirían la suerte de la revolución. El 7 de marzo, la monarquía capitulaba después de la deserción del ejército destinado a reprimir el levantamiento.

La noticia del juramento de la Constitución gaditana por el rey se conoció en México en los primeros días de abril, pero el virrey retrasó el juramento hasta el 31 de mayo. El 18 de junio se hicieron las elecciones parroquiales para formar los ayuntamientos constitucionales, y el día siguiente se restableció la libertad de imprenta, lo que dio lugar en los siguientes meses a la publicación de una cantidad enorme de folletos y periódicos, en los que se daba cabida desde las ideas más liberales hasta las más retrógradas.

La vida rutinaria de Mier y Terán volvió a cambiar. Sin salir del anonimato que su situación exigía, escribió dos folletos que tuvieron circulación en Puebla: El tejedor poblano y su compadre y Muy ilustre ayuntamiento constitucional, ambos publicados en 1820. Para afirmar que Mier y Terán escribió estos dos folletos presento las siguientes pruebas:

En primer lugar, el enemigo del coronel insurgente, Juan N. Rosains, además residente de Puebla, escribió en su Pasaporte a Londres sobre los supuestos favores que había pretendido Terán después del indulto, en los cuales fracasó, pero, dice Rosains: 'No pudiendo ya hacer el papel por el puesto, quiso representarlo por sabio, y se metió a maestro de la constitución española, para cuyo fin escribió el fastidiosísimo diálogo del tejedor, papel que contenía más blasfemias políticas, impropiedades en el estilo, ridiculez en los pasajes, y adulación a Fernando, que los renglones de que se compuso.'23 Mier y Terán escribió su Segunda manifestación contradiciendo una a una las calumnias de Rosains, en un documento muy extenso. Sin embargo, no dijo nada sobre El Tejedor. No negó la paternidad de esta obra, que además, como había circulado ampliamente, la gente podía darse cuenta que en ningún pasaje aduló a Fernando VII.

En segundo lugar, el escrito dirigido al Ayun­tamiento Constitucional está firmado por El tejedor y su compadre, ya conocido del público. Pero sobre todo, el contenido de este escrito delata al insurgente ilustrado: la importancia del conocimiento, la referencia a lugares muy específicos de la zona donde realizó la revolución, el manejo de conocimientos técnicos y científicos cuando se refiere al fomento de la industria del vidrio, su referencia a la formación de un Colegio de Agricultura en Puebla y de acudir al Colegio de Minería para obtener asesoría. Finalmente, no escribe como poblano. No habla de nuestra provincia, ciudad, agricultura e industria. Se deja ver que lo escribió una persona nacida en otro lugar de la Nueva España. En conclusión, las pruebas permiten afirmar que con un alto grado de probabilidad, ambos folletos fueron elaborados por Mier y Terán.

El tejedor poblano y su compadre 

El diálogo político fue un género literario muy socorrido, en la crisis del paso del mundo colonial a la formación de una nueva nación. Estos diálogos se nutrían de dos corrientes, la ilustrada del siglo XVIII y una cultura popular que se puede rastrear hasta el Siglo de Oro español. El diálogo quiere llegar al pueblo, de ahí el lenguaje popular, cercano a la oralidad propia de las representaciones teatrales populares, o de los sermones, muy apreciados en el mundo colonial.

El diálogo de El tejedor tiene una finalidad muy obvia: enseñar al pueblo las bondades del sistema constitucional que comenzaba a tener vigencia en la Nueva España. La obra está compuesta de seis diálogos en los que participan el tejedor, un aprendiz, el compadre, don Anselmo, un soldado español y se hace referencia a Mariquita, hija del tejedor y novia del soldado español. Lo esencial del diálogo se desarrolla principalmente entre los dos protagonistas, el tejedor y su compadre. El compadre es el que sabe y va explicando los beneficios del sistema constitucional y de la Constitución de Cádiz. Los primeros tres diálogos no están fechados con precisión, pero los tres últimos corresponden al 3 de junio, 21 de julio y 11 de agosto de 1820.

La obra es amplia, pero quisiera concentrar el análisis en el sexto diálogo que es una síntesis de lo tratado en los cinco anteriores. En él participan el tejedor, el compadre y don Anselmo, este último partidario del Antiguo Régimen. El diálogo comienza con el concepto de soberanía, cimiento de la constitución y del gobierno justo que ella establece Así, el compadre afirma que 'Todo gobierno que no reconoce la soberanía del pueblo es tiránico, es opresor, y no tiene otros títulos que los de la usurpación y la violencia.'26 Anselmo insiste en el derecho divino de los reyes y el compadre le dice que no enseñe errores ni abuse de las leyes divinas. Está la recta razón conforme a la naturaleza que llamaremos ley natural. Esta es única para cualquier nación y para cualquier época, proviene de Dios, único poder soberano. El hombre ha sido creado en libertad para aspirar a los fines de su conservación y felicidad. Los hombres se reú­nen en sociedad para alcanzar estos fines. La sociedad o nación tiene en sí la soberanía. Todo gobierno no es más que una delegación de la nación.

El gobierno español es una monarquía moderada y hereditaria. El ejercicio de la soberanía está distribuido en las cortes con el rey, el rey y los tribunales. La función principal del rey es ejecutar las leyes, aunque participa con las cortes en la elaboración de las mismas, a través del veto. Los ministros del despacho firman todas las disposiciones legales, para evitar el despotismo del rey, a través de la responsabilidad. El sistema constitucional funciona adecuadamente con la división de poderes. La opinión pública es también una fuerte limitante al despotismo, ya que modera los excesos de los poderes ejecutivo y legislativo. Para el compadre, el ejército también ha sido y debe ser una salvaguarda del orden constitucional. La revolución española fue posible, como se señala en El tejedor, gracias al ejército: '¡Loor eterno a Ballesteros, Quiroga, Riego y Agar, porque han sabido cumplir a su tiempo con los deberes civiles y militares, porque han hermanado las obligaciones de Ciudadanos libres, con las de soldados subordinados!'

Don Anselmo no está conforme con las explicaciones del compadre y llama a esto bellas teorías. Vuelve al tema de la soberanía e insiste en el derecho divino de los reyes, tomando pasajes de las Sagradas Escrituras que avalan su afirmación. El compadre recurre a los padres de la iglesia para contradecir el derecho divino de los reyes: San Juan Crisóstomo, San Juan Damasceno y San Agustín, quien en la Ciudad de Dios afirma que por un pacto o contrato de la sociedad, esta obedece a sus reyes, y dicho pacto no puede ser otro que el social o la constitución fundamental con que las naciones forman sus gobiernos. Las cortes sólo tienen sentido si la soberanía reside en la nación. En España hay una larga tradición de cortes: Cortes y Concilio de Valencia de D. Juan (1050); de Toledo, en 1086; de Palencia, en 1129; de León, en 1135; y muchas otras más.

El compadre continúa diciendo que las monarquías y las repúblicas que se conformen más con el Evangelio, será donde haya más justicia, en donde la equidad sea la única norma de gobierno y en donde las relaciones entre superiores y súbditos serán tan naturales, que la subordinación será un deber voluntario, debido a la prosperidad general. Don Anselmo insiste en que sólo donde los príncipes sean considerados delegados inmediatos de Dios, habrá una subordinación adecuada. El compadre finaliza y replica diciendo que sólo si hay justicia habrá paz y subordinación. La del antiguo orden es una mentira y se basa en la fuerza, que produce el letargo y la apatía. Los ejércitos crecen, los gastos aumentan, las personas son oprimidas y se les imponen tributos desproporcionados: 'Las contribuciones exorbitantes agotarán sin duda la fortuna pública, se acabará por consiguiente el erario con que se mantienen los ejércitos, agentes de la paz <…> ¿y entonces?' Para un antiguo insurgente ilustrado, el nuevo orden es una oportunidad única para marcar las diferencias con el antiguo. Por eso, toda la obra, como muchas producciones de ese año, respira un gran optimismo. Se creía que era posible un nuevo orden construido en los valores de la Ilustración.


Muy ilustre ayuntamiento constitucional

Este escrito, publicado el 25 de noviembre de 1826, contiene una serie de propuestas al nuevo Ayuntamiento constitucional de la ciudad de Puebla, para remediar los males sociales, principalmente la existencia de una inmensa plebe ignorante, degradada y sin medios de subsistencia. Está firmado por El tejedor y su compadre.27 Para Terán lo importante es llegar a las causas de esta situación: un sistema de monopolios favorecido por leyes prohibitivas, resultado final del despotismo, de las malas instituciones políticas, de una administración egoísta y depredadora y la existencia de unos magistrados preocupados por sus intereses y desprendidos de todo amor al pueblo: 'contemplad en las numerosas plebes de México y Puebla la obra de ese sistema, investigad la causa de tanta miseria e ignorancia; y hallaréis que es el fruto de la sabiduría del régimen anterior'.

Los enemigos del pueblo dicen que la plebe es floja por naturaleza y tiene aversión a todo trabajo. El insurgente ilustrado afirma lo contrario, porque en otros países se ha logrado el mejoramiento del pueblo por medio de la educación, el trabajo y los principios filosóficos. En la Nueva España, las autoridades han aislado a la plebe de las otras clases sociales, mientras el gobierno la rechaza y le aplica medidas de represión violenta. Ante eso a la gente miserable no le queda mas que dedicarse a las actividades ilícitas: '¿qué otro recurso le queda, que echarse al pillaje, hacerse ratero o acechador, para ahogar en la taberna el dolor de su persecución y miseria?'

El tejedor y su compadre advierten al ayuntamiento que debe enfrentar un gran problema: vencer la costumbre y los intereses que genera. Se debe vencer la inercia que impide a las nuevas instituciones políticas influir en el orden económico sujeto a las especulaciones más antisociales del comercio. En la provincia es necesario establecer una diputación provincial para que con el conocimiento del territorio desarrolle en cada distrito lo más conveniente para él. Sugiere promover nuevos cultivos y extender los ya existentes: la caña de azúcar en toda la tierra caliente, las abejas en Atlixco, los viñedos en los llanos de Ixcaquistla, las moreras en Tepexi de la Seda, introducir el cáñamo, el lino y el olivo. Paralelamente deben construirse mejores caminos para mover las harinas y tratar de recuperar el mercado de La Habana.

Regresando al ámbito del ayuntamiento, para el ilustrado escritor lo primero que debe hacerse es educar a los niños a través de un sistema reformado y comprometido; mejorar el magisterio; promover que los religiosos abran escuelas, mientras que el ayuntamiento realice los exámenes de los niños. Propone que en las escuelas de las primeras letras se socorran las necesidades de los niños, mediante la formación de un fondo, con la suscripción de personas acaudaladas. El Ayuntamiento debería hacer una demarcación exacta de los cuarteles y barrios, un padrón de población, el nombramiento de diputados de barrios. Con eso se tendría el número de niños que debía proteger y las escuelas gratuitas que hacían falta en cada barrio. El diputado de barrio debería estar en contacto con los padres, para que los niños no abandonaran la escuela y terminaran de billeteros o pordioseros.

Mier y Terán habla de la situación de la provincia. La actividad más importante de ella, la agricultura, que debe fomentarse para ocupar a muchas manos. La agricultura es a la provincia como la minería a todo el reino. Propone formar un Colegio de Agricultura en donde se impartan cursos de Química y de Botánica, principalmente. Debería contarse con obras específicas como el Diccionario de agricultura de Rocier, los principios físico-químicos de Brisson, en su tomo cuarto del Tratado de Física, aunque su nomenclatura es atrasada.

Pasa el análisis de la industria o las artes como se le llamaba en la época. El insurgente comenta: 'Es ya un axioma fuera de toda duda entre los economistas, que la agricultura sin las artes no es suficiente para sostener y hacer floreciente a una nación, o que en el actual estado de lujo, un pueblo agrícola solamente no dejará de ser muy pobre.' Para Mier y Terán, el origen del abatimiento de la industria textil poblana esta en el libre comercio que se decretó a finales del siglo anterior. Se introdujeron tejidos de Europa de mejor calidad y precio que los producidos aquí. Para que la industria textil poblana compita es indispensable promover su adelanto y perfección. Cuando esto se hubiere logrado, se podría prohibir la introducción de géneros extranjeros.

Otros ramos que hay que impulsar son los del vidrio y la loza. El tejedor y su compadre afirman que aun cuando la industria del vidrio ha mejorado, la mala construcción de los hornos y otros fenómenos químicos que explican en el texto, impiden la perfección: los vasos pierden brillantez con el tiempo y son frágiles. Sugieren que para mejorar el método de vitrificación es conveniente consultar a los profesores de Química y Mineralogía del Colegio de Minería, quienes seguramente ayudarían en esto. Aunque los economistas proponen que las manufacturas se realicen en pequeños talleres, para el caso poblano Mier y Terán sugiere la formación de grandes fábricas. Ahí se puede tener la construcción de buenos instrumentos, la distribución acertada del trabajo y la unidad de objetivos, razones que deben incidir en la perfección y baratura de los productos. Esto se puede lograr con la reunión de medianas fortunas.

Para asegurar la libertad de imprenta, uno de los mayores bienes del orden constitucional, debe promoverse la fabricación de papel, porque en caso de una guerra puede escasear o faltar. El papel es 'un efecto de primera necesidad para una nación civilizada'. Por último, el autor hace una advertencia y una propuesta para terminar con la miseria del pueblo:

Si a éste (el pueblo) se le abandona por egoísmo, ya será fuerza reconocer que los males no tienen remedio, que se acumularán hasta donde sea posible, y que pasado de ahí, sucederá una crisis bien fatal en el reino de la Nueva España. Toda calamidad tiene su término y cuando llegue el de tantos que se palpan y no se remedian con tiempo, invocarán en vano los santos principios de la moral entre gentes a quienes el hambre y la desesperación han enfurecido.

Finalmente, antes de tomar cualquier medida, Mier y Terán propone al ayuntamiento la formación de una sociedad patriótica, formada por individuos ilustrados, 'que se ocupen de investigar todos los arbitrios de reducir a los miserables e indigentes al menor número posible'.

El antiguo insurgente se muestra en estos dos escritos que hemos analizado, como un ilustrado de los pies a la cabeza. Pero lo que más llama la atención es su preocupación social. Ligando sus dos escritos se podría decir que: si las nuevas instituciones políticas no sirven para mejorar la situación de un pueblo miserable, no sirven para nada. La otra idea importante, ver la pobreza no como un tema de caridad o beneficencia, sino que hay causas profundas de la desigualdad social y medidas posibles para lograr una sociedad más equilibrada. Mier y Terán, en la coyuntura de 1820, cambió la espada por la pluma y no lo hizo del todo mal.


El Ejército Trigarante
 
El Plan de Iguala del 24 de febrero de 1821 proclamado por Agustín de Iturbide volvió a cambiar la situación de Mier y Terán en la ciudad de Puebla. Tempranamente se adhirió al Plan de Iguala y comenzó a trabajar a favor de él. Se puso en contacto con los cuerpos militares de la ciudad, cuyos jefes y soldados fueran mexicanos para incorporarlos al movimiento libertador. El proyecto consistía en hacer un pronunciamiento en el momento de pasar revista en el mes de marzo, pero el plan se frustró cuando varios de los implicados, en el último momento no tuvieron la decisión de efectuar el movimiento.28 Nicolás Bravo se había incorporado al Ejército Trigarante, y por encargo de Iturbide había formado la Séptima División. Después de levantar hombres en Chilpancingo, Tixtla, Chilapa y Tlapa se dirigió a la región poblana y concentró su actividad en Tulancingo con el objeto de reclutar más tropa y organizarla adecuadamente. Las tropas realistas aparecían a uno y otro lado de los movimientos de Bravo, pero sin presentar batalla.

Después del fallido pronunciamiento, Mier y Terán siguió una estrategia diferente. Se puso en contacto con el general Nicolás Bravo para enviarle los oficiales y soldados de los cuerpos que se habían comprometido con el Plan de Iguala. 'Continuó en esta tarea, has­ta que a consecuencia del intento de hacer desertar al Batallón de Comercio, fue descubierto y tuvo que trasladarse al pueblo de Tulancingo a finales de mayo de 1821, en que se incorporó a la División del General Bravo.'

Mientras los independentistas se concentraban y mejoraban su organización en Tulancingo, la ciudad de Puebla se preparaba para el sitio. Las autoridades daban medidas de todo tipo y el pueblo se declaraba abiertamente partidario de los trigarantes. La deserción de soldados continuó y las autoridades fueron incapaces de frenarla.31 El 11 de abril el pueblo se amotinó creyendo que peligra­ba el obispo Antonio Joaquín Pérez. El ejército hizo fuego sobre la multitud y hubo un muerto y tres heridos. Lo que más preocupó al comandante Ciriaco de Llano es que en medio del motín la gente exclamó en voces y gritos: ¡viva la independencia!32 El 10 de mayo la gente se quejaba porque los carros no recogían la basura y la ciudad parecía un muladar. El gobierno contestaba que los carros de basura estaban ocupados en tareas más importantes, el acarreo de materiales para la construcción de parapetos y fortificaciones de la ciudad.

El 4 de junio, Ciriaco de Llano prohibió la venta del folleto titulado Triunfo de la libertad de imprenta número 5. Con esta acción arbitraria fue acotada la libertad de imprenta, una de las principales garantías del orden constitucional. Las protestas no se hicieron esperar.34 El 14 de junio, el comandante de Puebla decretaba para la ciudad un alistamiento general de todos los hombres entre los dieciséis y los cincuenta años de edad, bajo penas severas, siguiendo lo dispuesto por el Bando del 7 de junio decretado por el virrey Juan Ruiz de Apodaca para los habitantes de la ciudad de México. La respuesta de los poblanos fue muy fría.

Ese mismo día, Nicolás Bravo salía de Tulancingo para Puebla, al mando de tres mil hombres que formaban la Séptima División del Ejército de las Tres Garantías. Manuel de Mier y Terán, con el grado de capitán, se había encargado, debido a sus conocimientos sobre el arreglo del parque y la formación del tren de artillería. Bravo le había otorgado el mando de la misma, antes de salir de Tulancingo. La Séptima División llegaba a Cholula el 22 de junio. Bravo mandó ocupar con gruesos destacamentos el puente de México. El 1 de julio se pasó revista en Cholula y se encontró con 3,600 hombres de las tres armas. En los días siguientes se estableció el sitio formal a la ciudad de Puebla, situándose el cuartel general en el cerro de San Juan y cubriendo todas las salidas de la ciudad. Mier y Terán dirigió todas las obras del sitio.

Las medidas de Ciriaco de Llano dentro de la ciudad de Puebla se volvían desesperadas. El 14 de junio pasaba un decreto bárbaro, por el que se prohibían las reuniones de personas a cualquier hora del día. El ejército debía dispersarlas sin miramientos y estaban autorizados los jefes y oficiales a hacer fuego si así lo consideraban necesario.38 Otro decreto pasó por esos días, en donde se aprecia la impotencia del gobierno para contener al pueblo, que se declaraba a favor de los independentistas:

Por cuanto se ha notado con repetición que algunos malos vecinos de esta Ciudad procuran destruir las fortificaciones de ella, agujerando los parapetos como sucedió la noche del 11 del corriente en que fueron aprehendidos varios sujetos que estaban derribando el de Santa Mónica hago saber a este público que todo el que se coja infraganti o se averigüe ser el ejecutor de semejante crimen será juzgado y castigado conforme a la usanza militar.

Las medidas de represión de Ciriaco de Llano aumentaron en los días siguientes. El 20 de junio hizo saber a la población que no habían surtido efecto las medidas del alistamiento y, si en el término de 24 horas no se presentaban las personas en edad de servir a la milicia, serían acreedoras de las penas dispuestas por el pasado Bando del virrey Apodaca. El 25 de junio, el jefe militar de Puebla insistía en las medidas represivas: 'que cualesquiera individuo sin distinción de clases, que se le perciba o sepa que por palabra o de obra origina la deserción, sea preso en el acto y juzgado militarmente por un Consejo de Guerra, con arreglo a lo que para estos casos previene la misma ordenanza'. Ese mismo día, finalmente, Ciriaco de Llano declaraba el estado de sitio en la ciudad de Puebla.

Ante la ineficacia de sus medidas, el comandante de Puebla optó por otra estrategia para mantener al pueblo en calma, debido a que cada vez más se manifestaba partidario de los trigarantes. Escribió al obispo Antonio Joaquín Pérez para que contribuyera con sus exhortaciones a los párrocos y al clero en general, buscando que el pueblo no se implicara en alborotos y motines, de los que sólo sacarían desgracias irreparables, por lo que sería mejor que se mantuvieran en sus casas. En especial le preocupaban los habitantes de los barrios. Al obispo Pérez le pareció muy justa y racional la petición del comandante general y pidió a los párrocos que actuaran en armonía con estas ideas, por lo que deberían cooperar para mantener en paz a la población: 'mas pues no dudéis las ventajas que lleva la medicina preservativa, sobre la curativa, emplead aquella con preferencia evangelizando en todas partes la paz, la quietud y tranquilidad'

El sitio siguió su curso. Los trigarantes ocuparon la capilla del Señor de los Trabajos y desde ahí hostilizaron a los realistas, el 4 de julio. Dos días después hubo una salida de 500 o más hombres de Puebla. La caballería de Pedro Zarzosa y Vicente Gómez atacaron por izquierda y derecha mientras que Joaquín Mier y Terán, el hermano de don Manuel, con 300 hombres de infantería atacó por el centro. Desde la tarde de ese día Manuel Terán ocupó el barrio de Santiago y siguió batiendo a los rea­listas desde ese punto.

Las fuerzas de Mier y Terán protagonizaron la acción militar más importante del sitio de Puebla: 'La noche del 13 de julio ocupó la iglesia de San Sebastián y la casa llamada del Matadero, fortificando ambos puntos como convenía y sostuvo el día siguiente un combate que duró todo el día, con el que reprimió dos salidas que pretendieron realizar los realistas, acallando con un solo cañón de a tres, la batería realista compuesta de un cañón de a 12, otro de a cuatro y un obús de siete pulgadas'. Años después, ante una acusación de un senador de varios cargos y calumnias, entre las que se encontraba la de haber sido colaborador de Ciriaco de Llano, Mier y Terán respondió ante la sección del Gran Jurado de la Cámara de Diputados:

que presente asimismo en que consta haberme prostituido bajamente y alejado la esperanza de nuestra emancipación, pues habiendo sido impresos le será muy fácil manifestarlos para confundir los hechos notorios de haber servido en el sitio de Puebla y sostenido el ataque de 14 de julio de 1821 contra ese Llano de quien Alpuche dice que era siervo, a la vista y bajo la dirección de un general mas realmente interesado en la independencia y gloria de la patria, que cuanto puede aparentar el celo de los nuevos convertidos.

Todo era cuestión de tiempo. El 17 de julio se firmó un armisticio para suspender las hostilidades entre los dos ejércitos. Se le pidió a Ciriaco de Llano que capitulara y entregara la plaza. El comandante realista dijo que sólo trataría este asunto con Iturbide, quién llegó a Cholula el día 22. Los representantes de Iturbide, Luis Cortázar y el conde de S. Pedro el Álamo y los de Ciriaco de Llano, Juan de Horbegoso y Saturnino Samaniego, se reunieron en la hacienda de San Martín para negociar la entrega de la ciudad y la evacuación de las tropas realistas. El documento final fue firmado por Iturbide y De Llano el 29 de julio de 1821.

El Primer Jefe del Ejército de las Tres Garantías sabía lo importante que era la toma de la ciudad de Puebla. En una circular avisaba al público la entrada del Ejército Trigarante a esa ciudad. Iturbide decía: 'La representación política de dicha Ciudad: el heroico entusiasmo de su populoso e ilustrado vecindario, el armamento, artillería, parque, y demás auxilios de que abunda en todo género, siendo uno de ellos el de tres imprentas corrientes y bien surtidas, hacen esta rendición de la primera importancia, y puede mirarse justamente como un preludio próximo de la ocupación de la Capital del Reyno.'

El día anterior a la ocupación de la ciudad, las tropas realistas sin control de sus mandos, que se encontraban en San Javier, sorprendieron a los independientes de la Casa del Matadero, pero después fueron rechazados por las fuerzas independientes que ocupaban el barrio de Santiago. Durante el sitio de Puebla, Mier y Terán e Iturbide se conocieron. Comenta el primero: 'El año de 21 me preguntó el general Iturbide en el sitio de Puebla que había sido yo en la revolución: le contesté que coronel, y enseguida me hizo capitán: en esto sí que no había diferencia.'50 La frase se entiende en el contexto de la oferta de Rafael Bracho, cuando se indultó en Tehuacán. Aho­ra no había diferencia en bajar varios grados, porque se servía a la misma causa.

El 2 de agosto, los poblanos celebraron con gran alegría la entrada del Ejército de las Tres Garantías a la ciudad. Se limpiaron las calles, se engalanaron los edificios y numerosa concurrencia ocupó el camino desde la garita de Cholula hasta la plaza mayor. Todas las corporaciones salieron a recibir a Iturbide que fue llevado a la catedral donde se cantó un Te Deum con la mayor solemnidad. 'el regocijo fue general, el repique de campanas universal, las salvas repetidas, todos se abrazaban, se congratulaban y felicitaban; brillando en sus semblantes la más pura y celestial alegría'. El obispo Pérez le ofreció un banquete espléndido para más de 150 cubiertos. Los festejos duraron varios días. El día 5, por disposición del obispo se juró con solemnidad nuestra independencia en la plaza, en el Colegio Carolino y en otros lugares. Para celebrar el juramento se cantó en catedral una misa solemne y el obispo Pérez pronunció un discurso, que comenzaba con un texto del Salmo 123: 'Laques contritus est, et nos liberati sumus: Quebrantóse el lazo y quedamos en libertad.'52 Con estos acontecimientos terminaba una larga relación de Manuel de Mier y Terán con la región poblana, que había iniciado en 1812.

A manera de conclusión, podemos afirmar que Mier y Terán fue un insurgente muy importante, a quien la posteridad no le ha hecho justicia debido a sus implicaciones con la disolución del Congreso de Chilpancingo. Fue un jefe ilustrado, amante del orden y de la buena organización de su ejército. Fue querido y respetado por los habitantes del distrito de Tehuacán, lo mismo que por sus soldados. Luchó bajo personajes muy importantes de la insurgencia. Creó graves problemas a los rea­listas en el área que dominó. Se indultó cuan­do careció de medios para continuar la lucha. En su última campaña de Tehuacán resalta el hecho de que a pesar de sus esfuerzos, hubo mucha deserción en sus tropas. No claudicó en sus principios, a pesar de las ofertas del gobierno español. Esperó su momento y en 1820 contribuyó al debate de ideas, apoyando el nuevo orden constitucional y proponiendo remedios para mejorar la situación del pueblo empobrecido. Finalmente, en 1821, se adhirió tempranamente al movimiento independentista de Iturbide, contribuyendo con sus conocimientos militares, principalmente de artillería. Su actuación posterior, en el México independiente, confirmaría que era un patriota ejemplar.

El texto fue tomado de la sección Memoria 2010 del portal www.terra.com.mx Para consultar el documento original de click en el siguiente hipervinculo: http://www.terra.com.mx/memoria2010/articulo/1030778/Manuel+de+Mier+y+Teran+Un+insurgente+ilustrado.htm&paginaid=1