jueves, 3 de julio de 2014

Otra posible de versión de la Batalla del 6 de Julio de 1914 en Tepexi de Rodríguez



Fragmento del libro "SABINO CORTES MEMORIAS DE UN REVOLUCIONARIO"
Fuente original: http://www.sabinocortes.com
Texto completo en pdf: 

Nota de www.tepexi.blogspot.mx : En este capitulo del libro, Sabino Cortes habla de como intentaron tomar Tepexi, se presume que pudo tratarse de la batalla del 6 de Julio de 1914.

Mi Primer Combate

Una vez reunidos en Huehuetlán el grande, un día menos pensado circuló la noticia de que ya íbamos a salir, y a pocos momentos los ayudantes del Estado Mayor del General Francisco Mendoza anduvieron avisando a todos los cuarteles y campamentos que todas las tropas se reconcentraran en el centro del pueblo para recibir órdenes de marcha y para tal objeto comenzó el silbadero de cuernos por todas partes anunciando el movimiento de salida. Todos sentíamos una emoción como tristeza, gusto, miedo y yo con más razón por ser la primera vez que me encontraba formando parte entre miles de hombres todos vestidos de camisa y calzones de manta, huaraches y sombreros de palma; contados eran los jefes y algunos oficiales que traían sombreros galoneados con lentejuelas y pantalones charros con botonadura de hueso y plata.

Emprendimos la marcha rumbo al oriente, caminamos todo el resto del día y parte de la noche. Como a las 11 de la noche llegamos a un pueblo que se llama Huatlatauca, donde hicimos un alto como a las tres horas sin separarse nadie de las filas ni dispersarse. El general mandó llamar a todos los jefes y comandantes para hacerles conocer el dispositivo de combate. Ya todos nos dimos cuenta que se trataba de atacar la plaza del distrito de Tepeji.

Al continuar la marcha, notamos que algunas columnas se cortaban a la derecha, otras a la izquierda y poco a poco iba disminuyendo el grueso de las columnas. Yo siempre montado a caballo pero sin montura, cansadísimo de no llevar ningún apoyo en estribos y casi una llaga en el cóccix.

Al fin, como a las cinco de la mañana llegamos a la orilla del pueblo y echamos pie a tierra permaneciendo con los caballos de mano; entonces Rafael Enríquez nos hizo saber que se iba a romper el fuego cuando la banda de guerra del Gobierno comenzara a tocar diana.

Para mi buena suerte, por esa calle salía un comerciante que llevaba tres burritos cargados con suelas de huarache y correas, enseguida quité el fuste del burro en que iba montado y un rollo de correas y luego se lo puse a mi caballo y le amarre las cobijas en los tientos y quedé mas tranquilo para ir mejor en caso de la retirada, como así fue, en efecto. Tal como estaba previsto comenzó a tocar diana la banda de guerra y comenzó también la balacera por todo el perímetro de la ciudad; al principio a mí se me hacia una cosa extraña y nunca en mi vida había sentido los efectos de un combate; pero pasada una hora me revestí de valor y a los gritos de unos y otros también seguí avanzando sobre las trincheras y me socorrió la suerte con una máuser que le quite a un “pelón” muerto y se acabo el miedo, yo ya me consideré como todo un combatiente.

Peleamos todo el día y como a las ocho de la noche me nombraron en una fracción para llevar la caballada a darle pastura a una hacienda cercana donde había mucha hoja; y por la mañana volvimos al mismo puesto a auxiliar a la gente que se había quedado a combatir toda la noche. Ese día como a las once empezó la alarma de que por el camino de Acatlán venía el gobierno a reforzar la guarnición; y efectivamente venían dos compañías de infantería y nos hicieron retroceder, así es que no pudimos tomar la plaza y emprendimos la retirada.

Se acostumbraba que cuando se atacaba una plaza, ganáramos o perdiéramos, nos disgregáramos para operar las guerrillas para mantenernos pidiendo tortillas y cosas de comer en los ranchos porque no teníamos sueldo. Toda la división se disolvió y entonces ya pasamos a formar parte de la brigada del General Juan Uvera, que operaba en gran parte del estado de Puebla.

Como a los 4 meses de haberme dado de alta, nos tocó estar como tres o cuatro días en el pueblo de san Juan Epatlán, que dista 7 kilómetros de San Martín Totoltepec donde vivían mis padres; no supe quien le informó a mi mamá que allí me encontraba, cuando de repente, me encuentra en la calle con unas tortillas en la mano y me obligó a que la llevara al cuartel para hablar con el General Uvera. Nos hicieron pasar a ella y a mí y mi mamá le dijo al General: “Señor, quiero que me haga la caridad de llevarme a mi hijo Sabino, fíjese usted que él está muy chico para andar con ustedes y más en el peligro en que se encuentran; si fuera hombre grande ya sabría defenderse, pero a mí me da mucha tristeza que algo le vaya a pasar y es casi una criatura”. Yo me condolía de ver llorar a la pobrecita de mi mamá pero en mi interior no me placía volverme a mi casa y dejar a mis compañeros. Al fin de tantos ruegos y súplicas, ordenó el General que me recogieran el arma y el caballo y me fuera con mi mamá.

Nos fuimos a pie a San Martín y durante el camino me dio tantos consejos y advertencias mi querida mamá; pero me entraban por un oído y me salían por el otro y algunos ni me entraban.

No duré ni un mes en mi casa y me volví a seguir a mi gente, que la hallé en un campamento en un cerro grande que le llamaban el cerro del Huehue (viejo) y seguimos nuestras andanzas. Nos volvimos a reunir y fuimos a atacar un pueblo donde había pura defensa social, así les llamábamos a los armados que defendían los intereses de la gente acomodada; este pueblo se llama Huahutinchán, Puebla. En esa acción quedó el triunfo por nosotros los zapatistas.

En seguida fuimos a atacar la hacienda de Rabozo, Puebla. No pudimos entrar porque los pelones estaban en buenas fortificaciones.

Pocos días mas tarde nos reunimos en Coatzingo como 800 hombres y fuimos a atacar el distrito de Acatlán, pero nada mas pudimos entrar a la hacienda de San Lorenzo donde se embotella el agua de Tehuacan. En ese lugar bañaron de petróleo a un gachupín y le prendieron fuego, murió quemado. Así terminamos el año de 1912, siempre bajo la persecución del gobierno que en combates y en pequeños tiroteos siempre gritaban: Viva Madero, viva el supremo Gobierno y muera Zapata.

Entrando el año de 1913 seguimos por los estados de Puebla y Morelos, siempre teniendo tiroteos con los federales. En los primeros días de enero fuimos a ponerles una emboscada a los federales en un lugar apropiado que se llama “Las Bocas”, que dista seis kilómetros de Matamoros. Para esto fueron 20 hombres que fueron a tirotear a los soldados y haciéndoles una retirada los sonsacaron hasta Las Bocas y allí los agarramos a tres fuegos y luego emprendimos la huída dejando 4 muertos y algunos caballos ensillados.

Nosotros tuvimos que lamentar la muerte de 2 compañeros, y al capitán Lucas Mora, cuando estaba apuntando para disparar, le atinaron un balazo en la esfera de su arma y una de las balas le dio en el ojo derecho (quedó ciego).

Enseguida íbamos para el campamento cuando como a los tres días nos topamos en el camino con una columna de un escuadrón de puros “pelones” y nos dieron una corretiza que nos tuvimos que dispersar y nos reunimos como en 15 días después de esa derrota.

Estábamos acampado en los cerros cuando le llega un oficio al General Uvera: que teníamos que reconcentrarnos en Colucán, Puebla para hacer otros dispositivos, ya no contra fuerzas de Madero, que lo acababan de asesinar el 22 de febrero en la Cd.de México, pues ahora era el pleito con las tropas del General Victoriano Huerta, porque entre éste, el General Félix Díaz; el General Manuel Mondragón y el General Bernardo Reyes, todos Porfiristas, traicionaron a Madero. Esta acción tuvo por nombre “La Decena Trágica”.



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